jueves, enero 25, 2007

Bocatas: su incidencia en la vida



A continuación una carta mandada por nuestro amigo Nachito a la revista Huellas...




El otro día mi madre estuvo en una conferencia del que fuera presidente del gobierno Felipe González. Al volver a casa me contó algunas de las cosas que había dicho. Una de ellas, me llamó poderosamente la atención, porque retrata al hombre moderno, es decir, a nosotros. Decía que hasta los 20 años se vive, y a partir de los 20, se sobrevive. Ya se sabe, las preocupaciones de la vida, los sueños rotos, en otros casos los sueños cumplidos, que ni siquiera bastan, le llevan a uno a decir que la vida se va convirtiendo en una cuesta abajo en la que basta con sobrevivir (que las cosas más o menos cuadren, que todo vaya dentro de una normalidad sin sobresaltos, que pueda ir pagando la hipoteca, que los hijos no den demasiados problemas,…). Y esto no es para los demás, porque uno se descubre en esta postura infinidad de veces: sobreviviendo.



Al día siguiente estaba yo en Bocatas (la caritativa que llevamos a cabo en las Barranquillas, el poblado chabolista donde se concentra el mayor punto de venta de droga de toda España), en una noche especialmente fría, pero también especialmente bonita, y mirando la belleza que tenía a mi alrededor -en un sitio donde la palabra sobrevivir toma su sentido más claro (allí se vive al día, la única aspiración es conseguir dinero para cambiarlo por droga)-, pensaba que no es verdad, que uno siempre quiere vivir, que sobrevivir es el punto al que llegamos cuando aplastamos el deseo, cuando decidimos que Dios no forma parte de la vida y que ésta es una cuesta abajo hacia no se sabe dónde. Sin embargo, todo (las preocupaciones de la vida, los sueños rotos), todo reclama un significado. Por eso, vivir con esta necesidad de respuesta en el corazón (con todo el drama que conlleva) es mucho más hermoso que haber hipotecado la existencia a los 20 años.

domingo, noviembre 19, 2006

Amicus fidelis

Amicus fidelis, protectio fortis;
qui autem invenit illum, invenit thesaurum.
Amico fideli nulla est comparatio...
Amicus fidelis, mendicamentum vitae
at immortalitatis (Ecles. 6,14-16)

Beatus qui invenit amicum verum (Ecles. 25,12)

O Jesu Amice personalis
O Jesu Amice inmortalis


Un amigo fiel es una protección potente
quien lo encuentra, encuentra un tesoro.
Un amigo fiel no tiene precio...
Un amigo fiel es un bálsamo de vida
y de inmortalidad (Ecles. 6, 14-16)

Afortunado aquél que ha encontrado un amigo verdadero (Ecles. 25,12)

O Jesús Amigo personal
O Jesús Amigo inmortal

domingo, noviembre 12, 2006

CÓMO NOS HACEMOS CRISTIANOS

"No queremos perder el tiempo y, sobre todo, necesitamos ser confortados, es decir, recibir esa fuerza que nace de los corazones unidos ("con-forto", es la fuerza que nace de los corazones que se unen) en estos tiempos tristes en los que todo se confunde, todo tiende a confundirse y parece esfumarse, "desvanecerse", en los que parece que ya no haya ninguna certeza.
(...) en un momento dado, Manfredini me agarró el brazo y me detuvo; no sé cómo, le miré a la cara y me dijo estas palabras textuales: "Pensar en que Dios se hizo hombre...¡es realmente algo de otro mundo!", sentí un escalofrío. Luego se me adelantó. El corazón de aquel compañero mío estaba colmado de emoción por el anuncio más grande que jamás haya resonado en este mundo.
(...) Antes de llegar a esto, todo se viene abajo; antes de esta orilla eterna e infinita, todo se derrumba, incluso el rostro de la persona amada se hunde, incluso lo que más poseemos se nos escapa de las manos.
(...) Un acontecimiento, un hombre que dice ser Dios ("Sin mi no podeis hacer nada"), yo soy Dios, yo soy el Misterio que hace todas las cosas, yo soy el sentido de tu aspiración a la felicidad, a la verdad, a la justicia, al amor.
(...) En una novela de un escritor que no llegó a creer, o que creía que no creía, que se llama Kafka, en un momento dado leemos: "El que no hemos visto nunca pero que esperamos con verdadera ansia, aunque razonablemente ha sido considerado inalcanzable, helo aquí, sentado".
(...) Jesús se vuelve hacia Simón, hijo de Juan, que está sentado a su lado. No le dice: "Simón, ¿vas a traicionarme otra vez? ¿Simón ¿te avergonzarás todavía de mí como aquella sierva de Pilatos?, Simón ¿seguirás con tus errores, haciendo de las tuyas?". No le dice nada de todo esto, nada. Lo mira y le dice: "Simón ¿me quieres?". "Señor tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero". (...) No se puede medir, no se puede perder el tiempo en medir. Este es, pues el milagro: no tanto que el hombre logre realizar la correspondencia entro lo que hace y sus ideales, sino que reconozca y ame a un hombre concreto, histórico, en el que se da la correspondencia con lo divinos, la identidad con lo divino. Es el el milagro en el mundo: que un hombre ame a Cristo.
(...) Somos todo lo pecadores que queráis, pero mendigamos "Sí Señor, yo te quiero" (...) por muy pequeños que seamos, si creemos en Él, si decimos "Te quiero Señor", ocurre algo en nosotros, por lo cual otro, víéndolo, nos dice: "¿Cómo pueder ser así?, ¿por qué eres así?". (...) Y seamos lo que seamos, esto lo puede repetir cualquiera de nosotros, en cualquier estado de ánimo que se encuentre.

viernes, noviembre 10, 2006

La caridad es la vida

Hola amigos.
Ayer estuvimos unos cuantos amigos (moraleja colateral: qué importante es tener amigos así. También es importante tener mujer o marido, hijos, tierras, trabajo, prestigio y viruta en el bolsillo, pero tener amigos así…) en Toledo visitando el hospital de parapléjicos de allí por una amiga nuestra (vid foto, sor Carmen) que va todas las mañanas allí a dar clase.

Una se sus alumnas de 16 años es Melania, que solo puede mover de cuello para arriba desde hace unos meses por un accidente, a quien conocimos cuando estaba probando la silla eléctrica que dirige con la barbilla.

Yo no paré de preguntarme a la vuelta sobre el significado de lo que esa mañana se nos puso delante, de la realidad. Dígase como se quiera pero si para vivir hace falta censurar o pasar de puntillas por alguna parte de la realidad entonces sería mejor haber nacido perro o cualquier otro animal de compañía.

No ha cesado de venirme a la cabeza la vida del santo que algunos de nosotros hemos leído en el libro Por qué la Iglesia (pág.276). Hermann el inválido, del Siglo XI. Nació horriblemente deforme y se decía de él que ni por un instante pudo sentirse cómodo, o al menos, libre de sufrimiento y además los expertos de la época le declararon “deficiente”. Este hombre, por la vida y obras que llevó a cabo, se le llamó “la maravilla de su tiempo”.

La respuesta está aquí, no es evidente pero está. Está, evidentemente, para el que se lo pregunta y busca.
Lo que nos hace polvo (no digamos ya a los cristianos) es nuestro límite. Nos hace papilla porque es como si la vida encerrara una promesa que luego nos encargamos nosotros mismos de machacar. Para nosotros, los cristianos, tantas veces, es peor porque debemos mantener cierta apariencia, seguir siendo cristianos, aunque el límite nos va ganando la partida. Nos volvemos mediocres, con el tiempo nos retiramos y nos conformamos con que la vida vaya tirando deseando que no haya sobresaltos. Nos volvemos escépticos. Decía el cura del hospital que los mayores llevaban mucho peor su límite que los jóvenes, igual que nosotros.
¿Qué hace que nuestro límite no nos gane la partida? Lo mismo que para el amigo Hermann en el SXI: Cristo. Cristo es el abrazo misericordioso que nos arranca literalmente de la nada, de manera que toda nuestra pobreza es incapaz de oponerse a este abrazo, hasta el punto de ser también nosotros una “maravilla de nuestro tiempo” porque a través de nuestra compañía, de nuestros amigos y de nosotros mismos, atraviesa el espacio y el tiempo este Dios hecho carne que nos abraza, y a la vez abraza el mundo entero.

Sí, la Iglesia no está con los sobraos, está con quien necesita este abrazo, está con el hombre-hombre, con el hombre real.

jueves, octubre 19, 2006

Un nexo ineludible . Giorgio Vittadini


Un nexo ineludible
Giorgio Vittadini
(Por su importancia publicamos artículo del amigo Vitta publicado en www.paginasdigital.es)

Con la lección de Ratisbona, el Papa ha querido subrayar sobre todo una concepción de la razón como apertura a todas las dimensiones de lo humano. Un ejemplo significativo de tal concepción lo encontramos en la homilía del Pontífice el 10 de septiembre en Munich, donde afirmó que “para algunos, existe la idea de que los proyectos sociales se deben poner en marcha con la máxima urgencia, mientras que lo que respecta a Dios o a la fe católica es más particular y menos prioritario”.

Así ha afrontado Benedicto XVI la cuestión del dualismo entre el empeño social y la concepción del hombre (y por tanto, el anuncio cristiano), justificado, no sólo entre los laicos sino también entre muchos fieles y católicos, por la idea de que basta con realizar proyectos útiles, de forma neutral, sin poner demasiado énfasis en las razones por las que se hacen. Parece así que se puede hacer un bien desinteresado, respetando la identidad de cada uno, sin inculcar las propias convicciones.

Los que se empeñan en una actividad social, aunque sean cristianos, pasado un tiempo se cansan frente a la inmensidad de necesidades que afrontan con la ilusión de resolver. Y empiezan a pensar: “la caridad no sirve, nos falta la justicia”, identificando el contenido de su fe y de su empeño con una opción política.

De este modo, mientras hace 40 años, en un optimismo típico de aquellos años, se pensaba que bastaba el desarrollo económico y sistemas políticos mejores para vivir en concordia y paz, hoy descubrimos que se puede vivir con desarrollo económico y violaciones de los derechos humanos, que podemos instalar democracias “a la occidental”que llevan al poder a grupos terroristas y a regímenes populistas que, en nombre del pueblo, lo oprimen.

La intervención del Papa supera este dualismo porque, al afirmar el nexo inseparable entre la intervención social y la concepción del hombre, indica también el objetivo y el método de la acción social. Saber que todo hombre es nexo inseparable y personal con el infinito, hecho a imagen de Dios; descubrir en la propia experiencia cómo el corazón está constituido por una exigencia última de verdad, justicia, belleza, no relatividad; encontrar en la realidad aquello que corresponde a estas exigencias elementales; reconocer en la vida cotidiana la presencia de un Dios hecho hombre capaz de colmar el deseo de felicidad, muestra los límites de cualquier acción caritativa y exalta el mérito. Ningún proyecto social, ningún desarrollo económico, ninguna realización política pueden apagar esta sed de infinito que constituye al hombre.

Como ha dicho el propio Pontífice en Ratisbona, “lo que queda de los intentos por construir una ética partiendo de las reglas de la evolución o de la psicología o la sociología, es sencillamente insuficiente”. Quien no parte de una concepción razonable del hombre y pretende ser neutral acaba por cometer la peor de las violencias sobre el hombre porque no respeta su naturaleza y deja morir su empeño social. Los cristianos que separan la fe de las obras, antes o después, matan también sus obras.
Giorgio Vittadini es presidente de la Fundación para la Subsidiariedad
Posted on 10.18.2006 by Páginas Digital

miércoles, octubre 11, 2006

Excursión Sábado 7 octubre 2006 Inicio de Curso





¿Qué buscas? Es la pregunta que nos haría la realidad, si ésta pudiera hablar, al vernos cómo nos movemos día a día dentro de ella. Es una pregunta que se lanza al corazón que nadie jamás podrá censurar definitivamente. Es extraño que se nos lance una pregunta que no puede responder nada de las cosas, rostros y circunstancias que la generan. El roce, el mero roce con el mundo provoca inevitablemente, tal vez al final del día, un domingo por la tarde o metido en el coche en pleno atasco, esta pregunta.
Esta pregunta es el signo más claro del anhelo y el ansia continua del hombre de ir más allá, siempre más allá de lo que ya ha alcanzado. Sin embargo parece que esta búsqueda continua está condenada a toparse con lo finito y temporal: “Esto es lo que hay”.
En eso consiste la paradoja de la que estamos estructuralmente hechos: no podemos realizarnos, no podemos vivir lo real, lealmente, intensamente si continuamente salta una pregunta que no podemos satisfacer, que estructuralmente esta fuera de nuestro alcance. Una pregunta de infinito para un hombre contingente, finito. Qué paradoja. En la vida importa la familia, la salud, los amigos, el trabajo, el bienestar y siempre dentro salta este anhelo y deseo de algo más, del infinito. La tristeza que se produce en la relación con la persona que más se quiere, porque la relación no está cumplida, porque no soy capaz, porque ella no es capaz. La percepción del infinito, para un hombre que tenga sensibilidad, surge como melancolía. Esta percepción no nace de un fenómeno intelectual, sino que nace de un hambre, de una sed de cosas reales, finitas.


Esta ausencia se convierte en soledad, como una presencia mala que nos acompaña de la mañana a la noche. No podemos olvidarla, dejarla de lado. Aparece siempre. Este deseo, nostalgia o ausencia se presenta como una pesadilla a quien la censura, para quien se come una manzana y cree comerse el mundo. Es decir para quien la razón es su propia medida de las cosas. Para quien ha medido ya todo y no deja espacio al imprevisto.
Hay que encontrar como sea algo o alguien que nos conmueva de nuevo, que nos saque de la estupidez de una vida vuelta sobre sí misma, pensada y repensada hasta el hastío. Es cuestión de vida o muerte. Necesitamos de otro, encontrar un atractivo nuevo. La fe, este encuentro, no es por tanto una suerte que tienen algunos, sino el dinamismo que nos salva. Es una necesidad, porque comprendes que no puedes ser tu mismo sin ponerte en manos de otro. Por eso la vida es de los pobres porque si no lo necesitas no te das cuenta.

Esto es el anuncio que nos hace el cristianismo. Que Cristo, el Dios infinito, se ha hecho compañía cotidiana para el hombre. La Iglesia es esta gran amistad que seguimos como los apóstoles seguían a Jesús. “Yo estaré todos los días con vosotros hasta el fin del mundo”. Esta es el gran milagro de la caridad. Dios, el Infinito, responde a nuestro deseo de Infinito, acompañándonos cotidianamente, con discreción y ternura, en al camino de la vida. Porque la sorpresa de la vida no es querer, sino ser queridos así. Una caridad sin fin. Infinita. Sí. Yo estoy estructuralmente hecho del abrazo de Dios hecho carne a través de los rostros de los que lo aman. Esto es bocatas. Caridad sin fin.

lunes, octubre 02, 2006

bocatas

Una hipótesis para la vida
En una entrevista realizada al director de cine polaco Kristoff Zanussi dice: “Hoy se puede vivir como un niño hasta los cuarenta, pero vivimos en una sociedad tan rica que podemos no madurar (…) Vivimos como grandes ricos del siglo pasado: podemos viajar, hablar de alta cocina, comprar, leer, etc. En mi país, después de 15 años de comunismo, veo que somos más ricos, pero la conciencia no se ha desarrollado”.


Esta es una de las claves del mundo donde vivimos: difícilmente otras épocas de la historia se ha tenido acceso a tanta riqueza como ahora y, sin embargo, muchas veces, esto no se ha traducido en un crecimiento de la persona, más madurez, una conciencia más grande de lo que es la vida.
Esta paradoja se debe a la ausencia de una hipótesis de significado por la que se pueda asimilar toda la experiencia que uno tiene a lo largo de la vida. Ante tal ausencia, el criterio de selección es siempre lo natural, el propio gusto aprisionado en las modas del momento o la propia reacción e instintividad.
Para que esta riqueza del mundo moderno no acabe destruyéndonos o pasando como una apisonadora por encima, necesitamos un ideal al que se pueda tender continuamente que no sería sólo un punto de llegada, sino el puente entre el mundo y nuestro “yo”, un ideal que nos corrija la mirada bizca y estrecha que tantas veces tenemos. ¿Existe?

Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: “Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir” (Mc 12, 41-44)

Ciertamente, la mirada que tenía Jesús sobre el mundo es la que nos interesa, porque sólo así se es capaz de percibir la riqueza verdadera que nos construye. Nosotros en bocatas nos educamos a tener una mirada así, recuperando un gusto y una conmoción por la vida que no sólo los yonquis han perdido porque también nosotros, tantas veces, miramos y concebimos el mundo de manera equivocada.


bocatas
volamos